Los 22 trámites para abrir una empresa en Brasil siendo extranjero
Constituir una empresa en Brasil no es, en sí mismo, un proceso especialmente largo. El problema aparece cuando uno de los socios es extranjero: ahí la cifra de trámites sube de 13 a 22, y cada uno de esos pasos adicionales depende de un organismo distinto, con su propio idioma técnico y su propio calendario.
El primer bloque de trámites es societario: elegir el tipo de sociedad (normalmente una LTDA), redactar el contrato social y registrarlo en la Junta Comercial del estado elegido. Hasta aquí, el proceso es prácticamente idéntico al de un socio brasileño.
La diferencia empieza en el segundo bloque, el que depende directamente de que el capital sea extranjero. Aquí entran el CPF de cada socio no residente, la designación de un procurador residente en Brasil con poderes específicos, y el registro de la inversión en el sistema SCE-IED del Banco Central.
El tercer bloque es documental: todo lo que se firma fuera de Brasil necesita apostillarse (o consularizarse, si el país de origen no forma parte del Convenio de La Haya) y traducirse por un traductor jurado antes de tener validez ante cualquier organismo brasileño.
La razón por la que este proceso se siente más complicado de lo que parece sobre el papel no es la cantidad de pasos, sino el orden. Un documento apostillado fuera de plazo, o una procuración con poderes insuficientes, retrasa todo lo que viene después. Coordinar bien esa secuencia es, en la práctica, la diferencia entre abrir una empresa en 90 días o en 180.